09 September 2010

- Todas crecemos - le dirigí una mirada de triunfo, pero me dio miedo sostenerla. Los ojos le echaban chispas, las aletas de la nariz, de su nariz demasiado grande, palpitaban cada vez más deprisa, sus labios estaban tensos, conocía bien todos esos síntomas, iba a estallar en cólera de un momento a otro.

- ¡Tú no! - sus palabras hirieron mis oídos, sus dedos se clavaron en mis brazos, sus ojos fulminaron los míos, dejé caer los párpados, me encogí y me mantuve inmóvil, blanda como un muñeco de trapo, sabía que iba a zarandearme y permití que lo hiciera-. Tú no, Lulú, tú no has crecido jamás ni crecerás en tu vida, maldita seas... Nunca has dejado de jugar y sigues jugando ahora, eso es lo que estás haciendo, jugar a lo que te han contado que es ser una mujer adulta. Te has puesto unos deberes a ti misma y procuras hacerlos con buena letra, como una alumna atenta y aplicada, pero no te salen bien... Has dejado de ser una niña brillante para convertirte en una mujer vulgar, y lo peor es que no comprendo por qué, no lo he comprendido todavía, por qué te asustaste, por qué te marchaste con la gente corriente. No entiendes nada, Lulú, y no has crecido, tú no. Nosotros no éramos gente corriente, no lo somos, aunque tú ya lo hayas echado todo a perder...- me soltó, yo no me atrevía a moverme, me tomó de la barbilla y me levantó la cara, pero no quise mirarle-. Nunca te lo perdonaré, nunca.

Almudena Grandes, Las edades de Lulú

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